dilluns, 4 d’octubre del 2010

21 días en el porno

El otro día vi el 21 días sobre porno, que hicieron ahora justo un año.
Me dejó bastante decepcionado que Samanta Villar, la reportera, insistiera durante todo el programa en el hecho que "haría porno, que haría su escena", para que al final nos diga que de todas las opciones que tenía: cámara, productor actriz… ha decidido ser directora.
Puestos a ser, podría haber decidido ser la chica de la claqueta y también nos la habrían colado doblada!

La verdad sea dicha de antemano, tenía muy claro que Samanta no se iba a abrir de piernas por uno de sus programas, pero esto me lleva al siguiente razonamiento: Una chica que ha accedido a fumar porros durante 21 días, que ha decidido ser anoréxica por 3 semanas, una persona que no tuvo problema en meterse en una mina en condiciones infrahumanas… ¿tiene problemas en echar un polvo delante de las cámaras?

¿Este es el mensaje que lanzamos en la televisión? Es digno vomitar lo que comemos aunque esto nos produzca lesiones físicas y psicológicas, es aceptable fumar porros para terminar con menos neuronas que una ameba, pero por el contrario, por debajo de la pobreza, de la desnutrición y de la drogadicción, encontramos el porno.
Follar con todas las condiciones higiénicas habidas y por haber, si hay una cámara presente, es el último eslabón de la cadena social humana, seguramente, justo debajo de la prostitución (pobres mujeres que sobreviven como pueden) o del sexo borracho sin condón en la puerta de la discoteca (locuras de juventud).

No estoy haciendo un llamamiento público a pedirle a una chica que eche un polvo contra su voluntad o para captar audiencia, por Dios no! Pero me sorprende esta mentalidad retrógrada nuestra, donde ser pobre aun se considera ganarse el cielo, aprovechar la inteligencia se considera de privilegiados y usar el cuerpo se considera pecado capital.

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