divendres, 5 de novembre del 2010

La evolución del gramófono

En la última década, des de que las velocidades de internet son decentes y los lectores de MP3 (primero los discman lectores de MP3) aparecieron en el mercado, no me habré comprado más que un par de cd’s. Mi razón no era otra que “para qué pagar por una cosa que encuentro en internet”.

Pero siempre fui consciente de dos aspectos:
- Las discográficas han abusado durante demasiado tiempo de los precios. Debían pagar por ello.
- Descargarse música no beneficia al músico como mucha gente dice y era imperativo encontrar una fórmula para que ambas partes, discográficas y consumidores, estuviéramos en la misma dirección, o al contrario el negocio se podía ir a pique.

Durante tiempo defendí a consumidores y discográficas, intentando ser imparcial:
No, las discográficas no venden igual y no puedes pensar que alguien comprará los cd’s que tu no compras.
No, los músicos no tienen más conciertos gracias a las descargas. Los músicos tienen que hacer más conciertos porque no ganan un duro con la venta de discos.
Y sí, los precios son abusivos y deberían bajar.

Me prometí y repetí varias veces que abandonaría mi posición “pirata” en el momento en que la industria hiciera un paso adelante y se olvidara de negocios y beneficios pasados que ya no tienen cabida en nuestros tiempos. Y este día llegó con la aparición de spotify.

Por 10 miserables euros tengo prácticamente toda la discografía que a uno le apetece escuchar y no solo esto, sino que encima la tengo en mi móvil convirtiéndolo en el mejor reproductor de MP3 del mundo (no hace falta pasar las canciones, spoty lo hace por ti).

Pero mi sorpresa es ver como spotify no tiene éxito, como nadie se paga la suscripción Premium. Empezamos quejándonos de los 18€ que valía un CD, y ahora no queremos ni pagar los 10€ que vale tener una discografía?

Mantendré mi posición imparcial, intentando ser justo sacando mis conclusiones:
Las empresas discográficas han sacado un producto muy bueno a un precio muy competitivo. Tenemos lo que habíamos pedido siempre, música a un precio popular.
Pero por la contra, quizás han tardado demasiado, y la gente, ya acostumbrada a conseguir la música gratis, ya no anhela encontrarla a un precio reducido.

Pero mi temor es que la iniciativa no prospere, que las discográficas se cierren en banda y digan “veis como no queréis colaborar cuando nosotros lo hacemos?” y que cada vez haya menos grupos, menos promoción, por lo tanto lleguen menos canciones a nuestros oídos… Y lo peor: si spoty no triunfa, nunca habrá una iniciativa parecida para vídeos (10€ al mes todas las películas del mundo).

Quizás es momento de recapacitar, de pensar que entre lo que deseamos y lo que realmente puede ser, hay un trecho. Quizás es momento de reflexionar, coger un producto que es bueno, que es económico, demostrar a las productoras que los usuarios estamos de acuerdo en pagar un precio razonable por la cultura y quizás estas nos tomen la mano para seguir con esta política de precios razonables en todos los aspectos de la cultura.

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